“Teresita de la Cruz” o “Venus imperiosa” (óleo sobre tela  93 x 75 cm) son los dos nombres atribuidos a esta obra de arte del célebre pintor de la región de Córdoba (España) Julio Romero de Torres y realizada en el año 1920 cuando la joven escritora chilena contaba con 27 años de edad.

Una de las pocas mujeres rubias pintadas por el artista, impacta por su belleza, mirada melancólica pero directa al espectador, además de la postura y ademanes fácilmente reconocibles en la composición de Romero de Torres. Vestida con un satén color morado, sostiene en sus manos una Tanagra (pieza policromada decorativa griega). Otra particularidad  de este cuadro es la falta de “fondos” o escenarios a los cuales recurría siempre el autor, dándole en este caso un valor preponderante a la protagonista. Esta pieza fue nombrada por primera vez en la revista Grecia el 20 de Febrero de 1920 y es incluida conjuntamente con 26 lienzos en la exposición realizada en la Galería Witcomb de Buenos Aires en 1922 – según el detalle del catálogo redactado por Ramón del Valle Inclán -. Allí se vendió y según María Wilson Wilms pasó a manos de Arturo Cousiño, quien se lo entregó a Francisco Montt Pinto que debía facilitárselo a Sylvia Balmaceda Wilms (hija de teresa), quien por un tema de dinero debió venderlo hace más de 40 años. La historia del cuadro es tan errante como la de su musa, pero tras larga búsqueda reaparece en 2018, siendo repatriado con mucho orgullo por la Fundación.

Breve historia de Teresa Wilms Montt: segunda de siete hermanas y perteneciente a una familia que dio cuatro presidentes a la República de Chile. Escritora y precursora del feminismo. Según Gómez Carrillo, “Teresa Wilms fue la más grande poeta de la lengua castellana y que si hubiera tenido barbas, estaría en todas las academias de España”.

Se educó en su casa de Viña del Mar (Chile) con una institutriz francesa antigua actriz de la Comedie francaise de Paris, quién le enseño música, canto y actuación; luego de un desgraciado matrimonio con Gustavo Balmaceda Valdés, sobrino del Presidente de Chile don José Manuel Balmaceda, del cual tuvo dos hijas: Sylvia y Elisa.

A los 20 años se autoexilia a Buenos Aires, donde toma contacto con el ambiente literario porteño, a través de la Revista Nosotros y del Diario La Nación, publicando tres libros de poemas de gran éxito, los que firmaba con seudónimos como “Teba” y “Teresa de la +” . Posteriormente viaja a Europa de la mano de su amigo Arturo Cousiño y se radica en Madrid donde formó parte del grupo literario de la Generación del 98, con Unamuno, Gómez Carrillo, Vicente Huidobro y Ramón del Valle Inclán -quien le prologó dos libros-. Justamente, éste último fue quien la presentó al pintor Julio Romero de Torres, quien entusiasmado con su belleza la traspaso al lienzo. En  1921 se reencuentra en París con sus dos hijas, a quienes no veía desde hacía 5 años, luego las niñas retornan a Chile provocándole esto un gran dolor y depresión que la llevaron al suicidio el día de Navidad con tan solo 28 años, dejando un testimonio de mujer libertaria y rebelde frente a las normas estrictas que la sociedad imponía a las mujeres con intereses artísticos. Sus restos se encuentran en el cementerio Père-Lachaise, Francia.